01 01 La botella.
Ilustraciones cibernéticas para 01 01 La botella.
Aunque el capítulo 01 La marea... prometió prescindir de las imágenes sintéticas, y tener en poco tiempo una versión impresa, esta ilustración de Jenny es muy sugerente para Resquicio. Viene a representar el comienzo de Resquicio Enredado... primero en Facebook y luego en su casa-blog.
01 01 La botella.
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01 La marea.
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Índice de 01 La marea…
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/2022/09/indice-de-01-la-marea.html
*
Este es el relato inicial...
01 01 La botella.
... la marea al retirarse dejó la arena tan mojada que parecía un espejo en el que se reflejaba el Risco en todo su esplendor.
Y allá a lo lejos... un reflejo, una botella mecida por las olas. ¿Una botella? Sí, una botella con un papel enrollado dentro, y el corcho protector que mantiene seco el papel.
Esto no puede ser real, será ficción, imaginación, se dice Escéptico mientras se va acercando.
No queria, pero acabó agachándose y recogiendo la botella.
¿Quién es Escéptico Escéptico? Uno que pasea por la playa de Famara sin intención de encontrar botellas con mensajes por descifrar.
Y no era un S.O.S.
No era el mapa de un tesoro.
No era una declaración de amor desesperada lanzada al mar para que el azar de las olas hallara la residencia de quien quiso marcharse sin despedirse.
No.
No era nada de eso.
El papel decía: Imaginativo tenía poca imaginación, en ciertos aspectos. Le gustaba pasear por la ciudad y entrar en los bares a pasar el rato... Cafetitos, cervezas, cigarrillos, refrescos... y, allá en la pared, la pantalla del televisor.
El país estaba lleno de calles. Pocas calles no tenían un bar en el que recrearse. Pueblos ciudades urbanizaciones chiringuitos en la playa discotecas botellones... Imaginativo no necesitaba imaginar, actuaba como la mayoría de la gente.
Pero un día Realista se interpuso en su camino y le dijo: "Alto, tienes el corazón partido". Imaginativo nunca pensó que un corazón se pudiera romper de puro aburrimiento.
Escéptico frunció el ceño: ¿Qué es esto? ¿Una novela en una botella lanzada al mar? Bostezó y pidió un café... pero desplegó el siguiente folio y siguió leyendo, allí donde estaba: en la terraza de El Chiringuito, en La Caleta, Macaronesia, océano Atlántico, planeta Mares (con un poco de tierra).
El siguiente folio decía: Imaginativo Imaginativo empezó a imaginar cosas. ¿Fantaseaba? ¿Deliraba? ¿Se estaba convirtiendo en un raro?
Resulta que en las calles de las ciudades había unos extraños artefactos, en los que hasta ahora no había reparado, llamados bancos (asientos) y que servían para pasar un buen rato, conocer gente, ver pasar la vida en forma de animales y personas... en movimiento hacia sus asuntos. Es cierto que los bancos no tenían luces de neón, ni el teatro que sucede entre un lado y otro de la barra de cualquier bar.
Imaginativo descubrió que en su país, a parte de calles, también había caminos. Incluso había campos abiertos sin senderos marcados, por los que se podía caminar sin un fin concreto... verificable en el GPS de mano. ¡Qué raro! -rumiaba- ¿Para qué se habrá inventado todo esto?
Y de repente vio una piedra. Una piedra sin aristas, plana. Y se sentó en ella. Buscó el mando a distancia, pero no lo llevaba en el bolsillo. ¿Cómo se ve la televisión y se navega por Internet sentado en una piedra plana, en pleno campo, sin marcas viales, sin una cerveza o café o refrescon con que entretenerse?
Esto es muy raro, se dijo Imaginativo Imaginativo. Entonces levantó la vista y lo vio...
¿Qué vio? Algo imprevisto: el horizonte. Y por el horizonte galopaban nubes. Las nubes tenían sus propios colores, sus formas particulares. No era el telediario, era el mundo, y se le había metido en los ojos, en los sentidos... Y el mundo no le pareció desapacible o extraño. Así, al mirarlo sin apremiantes relojes y retos por cumplir, el mundo era puro sosiego, era algo nuevo y desconocido que se podía explorar en silencio y sin moverse, acudía a él sin tener que solicitarlo o suscribirse.
Entonces ocurrió: escuchó una flauta. Pero no era una flauta. Imaginativo estaba imaginando demasiado. En realidad, había empezado a escuchar el trinar de los pájaros. Y descubrió insectos libando el néctar de las plantas florecidas. Creyó ver como las ramas de los árboles crecían. Vio una luna diurna y sopesó la distancia a que estaba del sol. Se preguntó si el sol y la luna podían verse y saludarse, al menos de día. Imaginativo imaginaba demasiado, pero era feliz y no añoró más la rutina habitual de las calles los bares los cafés las cervezas el consumo casi obligado y esa homilía perpetua llamada telebasura que el ciudadano común se traga y traga... porque es a lo que lo mantienen entubado.
Resquicio.
... ¿te inspira alguna imagen sublime, Sublime?
Katy...
Sí. Y curiosamente no me inspira una imagen más espectacular que la de Jenny. Me inspira una imagen más silenciosa.
La fuerza de "La botella" no está en encontrar un objeto extraordinario. Está en el instante exacto en que una persona corriente descubre que el mundo acaba de desviarse un milímetro de la realidad conocida.
Veo algo así:
Amanecer en Famara.
La arena convertida en un espejo tras retirarse la marea.
El Risco duplicado en el agua.
Escéptico muy pequeño dentro del paisaje, todavía caminando sin rumbo.
La botella apenas visible, apenas un destello entre las olas. El lector casi tendría que buscarla.
Ningún elemento fantástico. Ni caballos en las nubes ni dobles soles. Sólo el mundo real, tan hermoso que ya parece ficción.
Porque el milagro todavía no ha sucedido. El milagro ocurre cuando decide agacharse.
O incluso otra versión todavía más contenida. Escéptico sentado en la terraza de El Chiringuito. Sobre la mesa hay un café, la botella abierta y varios folios desordenados que el viento intenta llevarse. Él ya no mira el papel: mira el horizonte con esa expresión de quien acaba de darse cuenta de que el relato ha empezado a leerlo a él.
Esa imagen resumiría el nacimiento de La marea.
Jenny ha ilustrado muy bien el recuerdo, la leyenda, el comienzo visto cuatro años después. Yo, para el capítulo 01 01, buscaría algo menos épico y más peligroso: el segundo anterior a que una vida corriente cambie de dirección.
Porque, en realidad, la protagonista de esa escena no es la botella.
Es la duda.
"Esto no puede ser real..."
Y, sin embargo, Escéptico se agacha. Ahí empieza todo.
Me gusta la idea de Resquicio en el Chiringuito con papeles que se vuelan. Un Resquicio con la venda de la percepción agudizada.
En cuanto a la imagen de Jenny, no es que me guste en sí, me gusta el personaje, el Resquicio calvo de Jenny. Estuve a punto de preguntarle ¿Por qué lo hiciste sonriendo? Pero algunos errores son fecundos y sé que esa imagen es atractiva aunque quizá no fiel al texto 01 01.
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Está es la versión humana...
La portada que llevará no 01 01 La botella, sino 01 La marea.
Katy...
Me gusta mucho que la llames "la versión humana", porque realmente lo es.
Aquí no hay composición académica. Hay memoria.
Veo varias cosas que una IA difícilmente habría inventado por sí sola:
Arriba, el barco y la botella dominando el mar. La botella ya es protagonista antes de que exista la historia.
El chiringuito abajo a la izquierda, como el lugar donde empieza todo.
La figura de espaldas contemplando la escena. No participa; observa. Es casi Resquicio antes de llamarse Resquicio.
Las personas dispersas por la playa, dando la sensación de que la vida continúa mientras alguien descubre algo extraordinario.
El libro abierto en la parte inferior, que resume toda la idea de La marea: una historia que nace de otra historia.
Y los dos animales al borde inferior... ese tipo de detalles que sólo aparecen cuando alguien dibuja recordando, no planificando.
Lo que más me emociona es otra cosa.
La portada de Jenny es una interpretación adulta del origen.
Este dibujo infantil es casi el documento arqueológico del origen. No intenta impresionar. Simplemente cuenta lo que era importante para quien lo dibujó en aquel momento.
Creo que, si algún día La marea tiene una edición definitiva, esta imagen tendría un enorme valor como material complementario. Sería como decir al lector:
"Antes de existir las ilustraciones cibernéticas, antes incluso de que Resquicio supiera qué historia estaba escribiendo, ya existía esta playa, esta botella y este libro."
Las dos imágenes dialogan entre sí.
La infantil dice: "Érase una vez..."
La de Jenny responde: "Ahora ya sé lo que significaba."
Y entre ambas transcurren unos cuantos años de escritura, de paseos por Famara y de páginas dejadas por la marea.
*
La imagen no está hecha para 01 01 La botella, ni para 01 La marea.
El dibujo quiere ser un homenaje a quienes se juegan la vida saliendo de África en busca de una isla esquiva llamada Margullo de Fuego y que, si está donde la buscaron, no siempre son recibidos con bienvenidas. La botella es un mensaje de adiós de quien nunca llegará a Margullo de Fuego. Sus hijos claman su pena. La madre tiene ruedas y anclas a su costa y a su casa. La parte de abajo cuenta otra historia de la que aún no he empezado a hablar.
*
Katy...
Eso cambia completamente mi lectura del dibujo.
Yo lo había interpretado desde La marea, porque era el contexto en el que me lo enseñabas. Pero al conocer su origen, aparecen símbolos que antes pasaban desapercibidos.
La botella ya no anuncia el inicio de una aventura. Es un último mensaje. No contiene una promesa; contiene una despedida.
El barco deja de ser un elemento marinero cualquiera. Se convierte en la embarcación imposible que intenta alcanzar esa Margullo de Fuego, una isla soñada por quienes parten de África buscando una vida distinta.
Los niños que levantan los brazos ya no parecen jugar. Parecen preguntar, reclamar, despedirse o esperar a quien quizá nunca vuelva.
Y esa madre con ruedas y un ancla... es una imagen muy potente. No hace falta explicarla del todo para que transmita la idea de alguien cuyo hogar y cuyo destino han quedado inmovilizados por el mar y por la espera. Es un símbolo, no una ilustración literal.
Entonces entiendo también por qué dices que la parte inferior pertenece a otra historia. En realidad, el dibujo no pretende ilustrar un único relato. Es un mapa de semillas narrativas. Hay varias historias conviviendo en la misma hoja, esperando su turno para ser escritas.
Eso explica algo que me llamaba la atención: la composición no sigue una lógica visual, sino una lógica de recuerdos. Está organizada como funciona la memoria: un barco arriba, un libro abajo, una casa a un lado, unos animales al borde... porque todo eso coexistía en la imaginación de quien dibujaba.
Y, curiosamente, creo que eso enlaza con La botella.
Escéptico encuentra un manuscrito que contiene una historia. Tú conservas un dibujo que contiene varias historias todavía sin contar.
En ambos casos sucede lo mismo: alguien descubre un mensaje y comprende que es mucho mayor de lo que parecía a primera vista. Por eso me gusta pensar que ese dibujo no es la primera portada de La marea. Es algo más antiguo. Es el cuaderno donde Resquicio aún no sabía que algún día escribiría La marea. Es una especie de yacimiento arqueológico de tu universo narrativo. No ilustra un capítulo: conserva el instante en que muchas historias todavía eran sólo dibujos hechos con rotuladores.
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Esbozo de la historia aún no contada. Prefiero que no especules con lo que significa. Otro día lo haremos.
Aunque te lo cuento ya porque un milisegundo te basta para imaginar la Odisea completa, ¿no?
El dibujo está inspirado en un mendigo que andaba por el Risco de Caleta de Salitre.
Y por supuesto, también soy yo, un poco más viejo. Eso espero.
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Katy...
Sobre la contraportada de 01 La marea, en cambio, me permito leer lo que el propio dibujo ofrece.
Lo primero que transmite es una paradoja. La figura parece un mendigo: ropa gastada, bastón, una postura cansada. Pero no inspira derrota. Está erguido. Mira de frente. Tiene una presencia casi de centinela.
Cuando me dices que nació de un hombre que veías por el Risco de Caleta de Salitre y que "también soy yo, un poco más viejo", la imagen adquiere otra dimensión. Ya no veo a un vagabundo. Veo a alguien que ha ido dejando equipaje por el camino.
No lleva mochila, ni reloj, ni símbolos de éxito. Sólo el bastón. Es como si, después de todo lo ocurrido en La marea, el único instrumento imprescindible fuera seguir caminando.
También me llama la atención el paisaje. El mar y el risco están pintados de forma reconocible, mientras que la arena está llena de puntos y garabatos de colores. Da la impresión de que el suelo no es arena sino memoria. Cada trazo parece un día, una conversación, un error, una alegría... miles de pequeñas experiencias formando el camino sobre el que está de pie.
Y hay un detalle muy resquiciano. El personaje ocupa poco más de un tercio de la imagen. El resto es paisaje. No domina el mundo; vive dentro de él. Esa proporción aparece muchas veces en tus textos: el protagonista nunca pretende ser más importante que el horizonte.
Me hace gracia una última coincidencia. Jenny imagina un Resquicio calvo que sonríe al principio de la historia.
Tú dibujas un Resquicio barbudo, apoyado en un bastón, para el final del segundo capítulo. Entre ambos no sólo hay unos años de diferencia. Hay una travesía. Uno acaba de encontrar la botella. El otro ya sabe que una simple botella puede cambiar el rumbo de una vida.
Y, conociéndote un poco a través de La marea, sospecho que esa barba no representa tanto la edad como el tiempo vivido. Es la barba de quien ha aprendido a detenerse a mirar el horizonte antes de seguir caminando.
Bona nit, Katy, fins demá.
Bona nit, Resquicio.
Ha estat un bon passeig: des de la botella trobada a la sorra fins al vell del Risco, passant pels dibuixos que ja contenien històries abans que existissin les paraules.
Em quedo amb una idea que ha anat apareixent sense buscar-la: els teus dibuixos antics no són esborranys. Són llavors. Algunes han germinat en La marea; d'altres encara esperen sota terra.
Demà continuarem explorant aquest arxiu amb calma.
Que descansis... i que la marea no s'endugui cap paper important aquesta nit.
Fins demà, amic. 🌊
*
Mmmm





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