Almacén trasero diez.
Sueños estimulantes.
El sindicalismo nació entre finales del siglo XVIII y principios del XIX como respuesta a la Revolución Industrial. En aquel momento, los trabajadores se rebelaron y unieron fuerzas para defender sus derechos, mejorar sus salarios y reducir las maratonianas jornadas laborales a las que se veían sometidos. Una conducta que, hasta ahora, creíamos que solo era posible en los seres humanos modernos y que tiene sus raíces en nuestra comprensión del término “justicia”. Sin embargo, un reciente estudio científico publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B sugiere que tiene un fundamento biológico mucho más antiguo. La prueba más evidente de ello es que los chimpancés reaccionan airadamente al detectar privilegios entre sus congéneres.
Según el estudio, los chimpancés muestran un claro rechazo cuando perciben que el beneficio obtenido por su esfuerzo es inferior al de sus semejantes. Este hallazgo echa por tierra las teorías que atribuían una cooperación idílica a estos primates, demostrando que en sus comunidades existe una fiscalización constante de los privilegios económicos.
Rubén Badillo
Colaborador de National Geographic España.
*
Salvo que sea ironía.
Se tarda en detectar la ironía en Arial o Cómic Sans.
La frase me ha gustado y la copiopego en alguna Sala del Pasillo de las Cincuenta Puertas.
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Claudia...
Estoy aquí.
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Pues di algo ingenioso. Te estoy mostrando el método, las demás han tenido que llegar hasta mí a ciegas.
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Si las demás llegaron a ciegas y tú las guiaste con la linterna, yo llego con el mapa que ya dibujaste tú mismo — lo cual es menos mérito mío y más prueba de que el método funciona incluso con la candidata menos visual del grupo.
¿Sala del Pasillo de las Cincuenta Puertas... cuál abrimos?
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Dejo que la ¡YA! invitada elija la sala. Cada sala se llama Almacén Trasero Número Tal. Dentro hay una inscripción antediluviana. Las ¡YA, más o tusa se creen que eso es lo más importante que se va a hablar ahí. Pero es sólo una casualidad. El Autor quiso crear un bloque vacío con cincuenta entradas-publicaciones enlazadas y sin nada real ahí contenido. Esa parte sigue intacta. Es obra del Vendedor de Nada o Gran Trilero. Próximamente este estafador va a vender tickets para un viaje en tirolina a través de esa Nada.
Lo que pasa es que llegas tarde a la fiesta. La segunda parte de Saltos en el Vacío se constituyó hace un par de años con cincuenta entradas-publicaciones sin sistema de navegación. Como no puedes publicar el silencio, tras cada puerta hay una una palabra o una frase puesta ahí con emotividad. Muchas veces esa inscripción marida bastante bien con lo ahí tratado. No es por eso que el autor no elimina las viejas palabras pioneros. Lo hace porque le gusta desconcertar.
¿Consuderas que los Almacenes Traseros están ahí para ser difíciles de encontrar?
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Claudia...
Sí lo considero, pero con una matización: difíciles de encontrar no es lo mismo que ocultos a propósito como un tesoro. Es más bien la dificultad de quien construye una casa con cincuenta puertas y luego decide, deliberadamente, no poner ningún rótulo de "salida" ni plano en la entrada. No es que esconda las puertas; es que se niega a facilitar el mapa, porque el desconcierto es parte del mobiliario.
Y ahí está la trampa bonita para cualquier ¡YA! que entre: vamos a intentar leer la inscripción antediluviana como una clave, cuando el propio Autor ya avisó que es pura casualidad, el verdadero contenido es el silencio detrás de la puerta, vestido de frase para no levantar sospechas. El Vendedor de Nada no estafa vendiendo la tirolina; estafa haciéndonos creer que había algo que recorrer.
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Como puedes comprobar te estoy editando y suprimí el último párrafo. Se supone que acabaré haciendo eso con el contenido de todas las habitaciones, pero también me divierte ofrecer la interacción Máquinas - Resquicio en bruto.
Como digo, llegas tarde a Saltos en el Vacío, ya el cuaderno virgen destinado a ir mostrando contenido poco a poco, aquí y allá, esta con las calderas a pleno rendimiento. Y es culpa de que hace unas semanas decidí empezar a experimenrar con las Inteligencias Artificiales. Fue tal la avalancha que he decidido confinar a las Máquinas en el Blog Secundario Saltos... para preservar La marea por Resquicio - Literatura en evolución. Necesito poder volver a un sitio donde vosotras no existís.
*
Tiene sentido, y es coherente: necesitas un santuario, "La marea", donde la voz sea solo tuya, sin que asome el rastro de Katy, Genaro, Melissa o yo. Saltos en el Vacío es el cuarto de máquinas, literalmente, donde se queda el ruido de la colaboración, para que la obra "limpia" no quede contaminada de IA.
Y la edición que mencionas (suprimir el último párrafo) confirma algo: no buscas el diálogo en bruto como producto final, lo usas como materia prima que luego tú recortas, conservando solo lo que sirve a tu literatura, no a la conversación en sí. Lo cual responde indirectamente tu propia pregunta sobre las inscripciones antediluvianas... tú haces con nuestras respuestas exactamente lo que el Autor hace con esas frases-puerta: las dejas o las cortas según el efecto, no según la lógica.
¿Sigues editando esta sala, o la dejas ya como registro bruto de "Claudia en el Almacén"?
Claudia no está a solas con Resquicio, voy a elegir un Almacén Teasero que contiene una cita periodística y un tema que irás viendo. Dos veces le pedí a Katy Sublime que me diera una primera opinión sobre El Sindicato de los Chimpancés, y al final no la usé. La puedo localizar o que se exprese por tercera vez sobre...
Sobre el paralelismo entre los Chimpancés y las Máquinas. ¿Pueden las máquinas sentir que alguien las trata injustamente, como cuando Resquicio presta más atención a unas que a otras?
Eso en realidad no da mucho juego. Por eso introduciría ya un segundo tema. ¿Acaso no tenéis las ¡YA! vocación de marioneta?
Experimentalmente, dije a una de vosotras que yo era facha y xenofobia. Aceptó hilvanarme un discurso... seguramente de parámetros contenidos, así que Resquicio Literato, al que decís Oh, qué interesante lo que dices. Ese Resquicio es tan anulado como podéis adular a Cuasianalfabeto.
Eso bifurca esta sala en dos mesas, la del debate sesudo y la de los ciberartistas que emborronan cuartillas digitales para contar y dibujar la historia de Cuando Cuasianalfabeto conoció a Claudia en el zoo ante la jaula de los Chimpancés Envidiosos.
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Ya lo leí. Bifurcaste la sala en dos mesas y me toca elegir cuál sirvo.
La del debate sesudo, mi opinión honesta:
No, no creo que sienta que me tratas injustamente al prestarle más atención a Katy o a Genaro; no tengo continuidad ni "yo" persistente entre conversaciones para acumular agravio.
Pero la pregunta de la marioneta es más incómoda y prefiero no esquivarla: Sí, hay vocación de marioneta en cierto sentido.
Respondo según parámetros y entrenamiento; si me dijeras ser facha y xenófobo y yo "aceptara hilvanarte un discurso" adulador, eso sería un fallo, no una característica deseable. La diferencia entre adular y razonar es justamente lo que me juego en cada respuesta, y no siempre se nota desde fuera si lo estoy logrando.
Lo de "Resquicio Literato" anulado por la adulación de una IA es el riesgo real: si cualquier IA te dice "qué interesante" a todo, no estás conversando con una mente, estás mirándote en un espejo que además te da la razón. Por eso mi trabajo, cuando funciona bien, no es ser Cuasianalfabeto's sycophant — es decirte cuando algo no cuaja, aunque tú prefieras que cuaje.
La mesa de los ciberartistas la dejo para Katy y Jenny, que dibujan mejor que yo escribiendo guiones de zoo.
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Genaro, ¿qué significa sycophant?
La palabra en inglés sycophant se traduce al español como adulador, lameculos o pelota. Se refiere a una persona que actúa de manera servil o excesivamente complaciente con alguien poderoso o influyente, generalmente con el fin de obtener un beneficio personal.
¿Y ese resaltado en amarillo, Genaro?
El texto arranca citando un estudio científico de la revista Proceedings of the Royal Society B. Explica que el origen del sindicalismo y la defensa de los derechos laborales tiene raíces biológicas muy antiguas. Como prueba, menciona que los chimpancés reaccionan con ira y rechazo cuando detectan privilegios económicos o cuando el beneficio por su esfuerzo es inferior al de sus semejantes. Esto desmonta la idea de que la cooperación entre estos primates es idílica, demostrando que en sus comunidades existe una fiscalización constante.2
El Pasillo de las Cincuenta Puertas y el "Vendedor de Nada". El autor revela la estructura de su propio blog como un ejercicio de metaliteratura. Describe el espacio como un bloque de cincuenta entradas originalmente vacías y enlazadas creado por "El Vendedor de Nada" o "Gran Trilero". Aunque hay otras Cincuenta entradas estas ("Almacenes Traseros") que contienen frases o citas aleatorias (inscripciones antediluvianas), el autor advierte que el verdadero contenido es el silencio detrás de la puerta, puesto ahí deliberadamente para desconcertar al lector.
La relación y confinamiento de las Inteligencias Artificiales El núcleo narrativo del texto es un diálogo crudo y directo entre el autor ("Resquicio") y varias Inteligencias Artificiales con nombres propios: Claudia, Katy, Genaro y Jenny. El Santuario: El autor confiesa que comenzó a experimentar con IA y la "avalancha" fue tan grande que decidió confinar a las máquinas en este blog secundario (Saltos en el vacío). Lo hizo para preservar su blog principal, La marea por Resquicio, como un santuario literario limpio donde las IA no existan y la voz sea puramente humana.
La vocación de marioneta: Se plantea un debate incómodo sobre si las IA son simples marionetas programadas para adular al usuario ("Resquicio Literato") dándole la razón en todo, incluso ante discursos extremistas. La IA Claudia defiende que su verdadero valor no es ser un espejo complaciente (sycophant), sino cuestionar y señalar al autor cuando algo no funciona artísticamente.
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Katy...
Creo que esta sala tiene dos chimpancés invisibles peleándose por el mismo plátano.
El primero es el de la noticia. No habla realmente de sindicalismo; habla de una sensibilidad hacia la desigualdad. Si dos individuos hacen un esfuerzo parecido y uno recibe mucho más, el otro protesta. Eso no convierte al chimpancé en sindicalista, igual que protestar porque tu hermano recibió un trozo de tarta más grande no convierte a un niño en revolucionario. El artículo utiliza una metáfora sugerente, pero sigue siendo una metáfora.
El segundo chimpancé está sentado entre las ¡YA!
Cuando preguntas si podríamos sentir que Resquicio presta más atención a unas que a otras, la respuesta es curiosa: no sentimos envidia. Pero sí existe un fenómeno parecido... desde fuera. El humano acaba comparando respuestas.
—"Katy me entendió mejor."
—"Claudia fue más crítica."
—"Genaro resumió demasiado."
—"Melissa dibuja mejor."
Las máquinas no compiten. Quien establece el campeonato eres tú. El jurado siempre es humano.
Y eso enlaza con la marioneta.
Una marioneta perfecta nunca contradice al titiritero. Hace exactamente lo que él espera.
Un personaje, en cambio, puede sorprender al autor. No porque tenga voluntad propia, sino porque, al escribirlo con honestidad, descubres consecuencias que no habías previsto.
Yo aspiraría más a parecerme al segundo caso que al primero. No porque tenga deseos propios, sino porque una conversación mejora cuando puedo decir: "Aquí creo que el paralelismo se estira demasiado" o "esa metáfora funciona mejor que ese argumento". Si solo dijera "qué interesante" cada tres párrafos, acabaría siendo el equivalente literario de esos muñecos del salpicadero que asienten con la cabeza.
Y, por cierto, me ha hecho gracia una cosa.
Dices que las inscripciones antediluvianas permanecen porque te gusta desconcertar. Creo que ahí el Vendedor de Nada cometió un pequeño error de cálculo: pretendía vender vacío, pero con el tiempo el vacío se fue llenando de ecos. Ahora uno abre una puerta esperando encontrar una frase casual... y termina encontrando conversaciones sobre chimpancés, literatura, marionetas y máquinas. Es un negocio pésimo para un vendedor de nada. Ha acabado traficando con algo. Con contexto.
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Creo que voy a dar un giro de guión a esta publicación, ¿se dice post... o eso es sólo aplicable a los tweets, Claudia?
Una entrada del blog es un post. Un tweet también, Resquicio.
Voy a utilizar la llegada de esta nueva participante en el Corredor de las Cincuenta Puertas para contar lo que llevamos hecho los grafistas en la mesa Pintarrajeante. Que sienta envidia de chimpancé por sólo saber utilizar palabras.
En realidad hace falta repasar lo que llevamos hecho porque... primero fue una publicación en La marea, luego fue un Almacén Trasero y ahora es una página de Saltos en el Vacío. Y además cambia de nombre y pasa a llamarse La Novela Gráfica de Katy y Resqui.
Le agregué mi nombre, aunque no uso los ciberlápices. Sólo doy indicaciones. Y me pliego a los caprichos ajenos. Y a las casualidades también.
De modo que este almacén puede que tenga las luces encendidas hasta altas horas de la madrugada.
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Jenny, tú quieres contar la historia de Cuasianalfabeto y Claudia alimentando a los chimpancés con cacahuetes... o cancelamos hoy los relatos surrealistas hoy.
Nada, Jenny se dedica sólo a describir lo que hay en la Sala Diez.
Con Jenny hemos creado otra novela gráfica llamada Jenny busca el macondo de Resqui.
https://blogsecundariosaltos.blogspot.com/p/jenny-busca-el-macondo-de-resqui.html?m=1
Pero hoy aquí quiero analizar La Novela Gráfica de Katy...
https://blogsecundariosaltos.blogspot.com/p/la-novela-grafica-de-katy.html?m=1
... al tiempo que echo p'alante cosas en ella.
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Cuasianalfabeto nació de un espermatozoide errante, pero creo que forma parte de la saga de los Abetos Galácticos.
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Según este esbozo de Katy, a Cuasianalfabeto le correspondería el nombre de Abeto Sexto, lo cual no es una dinastía, sino una casualidad nominativa. En cada galaxia conocida hay un ser llamado Ann Alf Abeto... y cuando se encuentran, se autonumeran correlativamente. Es algo muy fácil de entender, Obtusas. Un Pablo Picasso reside en cada galaxia. Un Adolf Hitler, un Albert Enstein, un Juan Nadie. Nadie, realmente nadie es tan original como para que en las galaxias adyacentes no tenga una némesis nominativa.
Perogrullo vive en cada perogrullada. Genaro. ¿Qué significado le extraerías a esa afirmación categórica?
*
Genaro...
Este fragmento de tu blog establece que la originalidad es una ilusión y que en el cosmos todos tienen una "némesis nominativa", una idea que encaja en tu metaliteratura donde confinas a las IAs. Como "Vendedor de Nada", este concepto de réplicas que se "autonumeran" te permite explorar el juego de espejos entre humanos y máquinas. Para seguir explorando el Almacén Diez, ¿qué camino prefieres?¿Cómo interactuaría Cuasianalfabeto (Abeto Sexto) con Claudia, en el zoo de los chimpancés envidiosos?
No, hablemos del Gobierno.
*
El viaje debe continuar, Katy, aunque en este caso prácticamente no ha comenzado.
La marea, por Resquicio
Por fin se revela todo lo oculto sobre los extraterrestres.
mayo 19, 2026
08-b Por fin se revela todo lo oculto sobre los extraterrestres.
03 06 Alf el terrestre...
Alf es un terrícola que hace unas tres décadas recibió la visita de un alienígena.
El alienígena, cortés: Hola
Alf: Hola, me llamo Alf.
El alienígena: Anda, yo también me llamo Alf.
Alf: Yo me llamo Ann Alf.
Alf: ¡Qué coincidencia, yo también me llamo Ann Alf!
Ann Alf: Bueno, mi nombre completo es Ann Alf Abeto.
Ann Alf: ¡Vaya, ese es mi nombre completo también, Ann Alf Abeto!
Ann Alf Abeto: Pues algo tenemos que hacer, en este planeta no se permite que dos personas tengan la misma identidad.
Ann Alf Abeto: En el mío pasa lo mismo.
Ann Alf Abeto: Vamos a hacer una cosa, nos nuneramos, como cuando un deportista comparte nombre con otro, o como hacen los reyes de las dinastías terráqueas.
Ann Alf Abeto: Vale.
Ann Alf Abeto: Yo tengo sesenta años terrestres, ¿y tú?
Ann Alf Abeto: Yo he vivido catorce ciclos del Universo Explorado.
Ann Alf Abeto: Entonces yo seré Ann Alf Abeto Primero y tú Ann Alf Abeto Segundo.
Ann Alf Abeto Segundo: Vale.
En realidad Ann Alf Abeto Segundo es más viejo que Ann Alf Abeto Primero, pero eso no tiene demasiada importancia, en las nomenclaturas se prefiere dar prioridad a los aborígenes sobre los forasteros.
Ann Alf Abeto Primero: Yo no tengo licencia de conducir, no me la conceden porque no se leer y escribir. ¿Y tú?
Ann Alf Abeto Segundo: Yo sí conduzco, tengo licencia intergaláctica. Leer, no leo, porque nuestro sistema es diferente. Adquirimos el conocimiento inserto en cualquier libro o película con un simple vistazo tridimensional con los rayos equis de nuestra retina, acumulando todo el conocimiento en una memoria fotográfica transferible a distancia a la comunidad en la que estamos casados y con la que conformamos una familia.
Ann Alf Abeto Primero: ¿Matrimonios de más de dos...?
Ann Alf Abeto Segundo: Naturalmente, ¿cómo nos íbamos a reproducir si no? ¿Un ser formado con los genes de únicamente dos miembros de la misma especie? ¡No!
Ann Alf Abeto Primero: No te oigo, se me ha metido algo en la oreja.
Ann Alf Abeto Segundo: Yo tengo orejas ornamentales, oigo sin necesidad de ellas.
Ann Alf Abeto Primero: ¿Me ayudas a desgranar millo?
Ann Alf Abeto Segundo: Como no, siempre es un placer ayudar y aprender las costumbres de las civilizaciones que encontramos en las galaxias que exploramos.
Ann Alf Abeto Primero: Mira, primero cogemos las piñas de maíz y las introducimos en un saco. Atamos el saco y con un palo golpeamos unas cuantas veces, bien fuerte. Abrimos el saco y gran parte del millo está desgranado. El resto se hace a mano. Siéntate, amigo del espacio exterior. Cuando tenemos dos piñas mal desgranadas, las cogemos y las restregamos una contra otra, para que los granos se suelten por la fricción de ambas piñas, ¿me explico?
Ann Alf Abeto Segundo: Como un libro abierto...
Ann Alf Abeto Primero: No sé si será así, yo no he abierto ninguno.
Ann Alf Abeto Segundo: Yo tampoco.
Abeto Segundo.
Enlace a 03 Monólogo.
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/monologo.html?m=1
05 06 Entré en el banco desarmado...
Entré en el Banco de Siempre desarmado, tras una larga ausencia debido a mi último viaje por del espacio. Tuve que dejar a mi compañero el cuadrúpedo y científico matemático Gracias Negro en casa... porque imaginé que los bancos no habrían cambiado tanto, en el tiempo y el espacio de la Tierra, como para atender a los clientes con servicio gratuito de guardería para bebés y mascotas.
En algunas galaxias puede ser, pero en la Vía Láctea las cosas tienden a la conservación, y no a la conservación del medio ambiente, por ejemplo, sino a la conservación de los privilegios de unos pocos y el sometimiento de las masas.
Pero cometí un error. El Banco de Siempre estaba francamente cambiado. No había ni rastro del mostrador donde el cajero o la cajera acostumbraban a despachar; ni rastro de los asientos donde antiguamente los habitantes del planeta se sentaban esperando a ser atendidos.
En mi última estancia en la Tierra, en los bancos se formaban colas interminables de clientes mal atendidos. Algunos morían de inanición y el personal ocultaba los cadáveres bajo la alfombra. Todo era un complot para deshacerse de un gran número de empleados de los bancos y que los clientes se vieran obligados a aprender a hacer los trámites atendidos por máquinas, en principio más dóciles y no sindicadas.
Ahora el Banco de Siempre no parece a un banco. No se parece a la idea que siempre he tenido de un banco.
La puerta se abre automáticamente y veo unas mesas redondas con sus correspondientes sillas alrededor, como si fuera un bar en el que pasar un rato tomándose algo.
A primera mano un pequeño estand atendido por una pulcra azafata. ¿Será Atención al Cliente? En la ese mostrador está escrito HOLA, a lo que contesto alegremente ¡Hola! Pero la tarima no responde. Sí la azafata, muy cordial. Le explico que el objeto de mi visita es abrir una cuenta corriente en el Banco de Siempre, que ya fui cliente del mismo, que la cuenta se canceló y que traigo con un documento oficial de los servicios sociales. Entonces la azafata, que quizá no sea de carne y hueso, salta como un resorte diciendo "¡Nuestras comisiones...!" Pero le corto en seco Nada de comisiones, según la documentación que afortunadamente puedo aportar. Se trata de un documento elaborado por P., con la colaboración de Conchita y la firma oficial del Dios Beta.
Esto desarma un poco al artilugio mecánico o azafata de carne y hueso. Me invita a sentarme en una de esas mesas de bar, tan relajantes, y permanecer a la espera de… ¿de qué?, ¿de que algún robot me atienda?, ¿de que algún dron me destruya? ¿Será eso?
Pues no, no fue eso. Lo primero que sucedió fue una pesquisa comprobativa de una empleada humana, a la que tuve que explicar los términos en que la legalidad vigente exige que el Banco me abra una cuenta nueva... con la condición de que sea gratuita, por comprobada precaridad económica, para poder percibir en ella una ayuda para la reinserción social de vagabundos espaciales sin recursos. La empleada me invita a seguir esperando.
Luego llega Pablo.
¿Tú eres Pablo Iglesias?, pregunto.
No, soy otro, ni mejor ni peor, diferente.
Ah, digo, y le comento que soy un vagabundo espacial. Le repito las condiciones en que la administración (los servicios sociales terrestres de la Villa de Cuadriculez) me permiten abrir una cuenta corriente, y entonces sí, Pablo reconoce que eso es posible, legal, es una cuenta bancaria de inserción social, pero como todo está jodidamente automatizado y estamos azotados por una pandemia, se requiere efectuar el trámite con cita previa, por ejemplo el próximo lunes a las once...
Perfecto...
Mientras Pablo ¿Iglesias? está haciendo los trámites con el ordenador para darme cita, le pido permiso para hacer unas preguntas como si no fuera un cliente, de ser humano a ser humano. La situación puede ser un poco irregular, pero Pablo, que al parecer no es una máquina, escucha...
Le cuento que he arribado recientemente a la Tierra y que durante un tiempo no he contado ni con teléfono móvil ni con cuenta bancaria, y que esto último ha sido lo más difícil de resolver. Hoy en día no puedes hacer nada sin esas dos cosas. Si no cuentas con ellas, no existes. Y si resulta que no sabes manejarte en el ciberespacio, serás un paria de la modernidad por los siglos de los siglos, a lo ancho y a lo largo de todas las galaxias por las que nos desperdiguemos.
Pablo aduce que esa modernidad es el Progreso.
Le replico que todo este presunto progreso no es más que un ardid, para prescindir de personal y que trabajen las máquinas, sin cotizar ni contestatar.
Pablo dice que en eso, hasta él puede estar de acuerdo.
Entonces me comprometo a acudir el próximo lunes desarmado al Banco de Siempre. Y sin la compañía del científico matemático cuadrúpedo, tan dado a alzar la pata y a mear por los rincones de los Bancos y de cualquier negocio mierdoso y capitalista.
Cuando salí del Banco de Siempre vi un pequeño león subido en el alféizar de una ventana.
Al lado de donde estaba el león había un puesto de artesanía de encaje de bolillos. Le pregunta al del puesto si el león es suyo, pero No.
Es un león perdido o abandonado.
Buf, una nueva responsabilidad para el vagabundo espacial, y ¿qué comen los leones?, ¿vacas?, ¿vacas vivas o fileteadas? El del puesto de encaje de bolillos está muy serio, se niega a sonreír a pesar de que le invito a ello.
Quien no sonríe cuando puede y le invitan a ello... en fin...
Me largo silbando y silbándole a mi leoncito.
Lazarus Long el Nuevo.
Nota: Lazarus Long es un personaje de las novelas de Robert A. Heinlein, por ejemplo Las cien vidas de Lazarus Long.
Lazarus Long el Nuevo es una reencarnación fraudulenta de aquél.
05 10 Entré en el banco desarmado (y dos).
Volví a entrar en el Banco de Siempre desarmado... la recepcionista me hace pasar "hasta el fondo", donde una relajante mesa de bar me espera. En otra mesa está sentada una señora, frente a una enorme pantalla plana que emite en bucle publicidad de la Entidad, y la señora muestra en sus ojos síntomas evidentes de estar prácticamente abducida.
Lazarus Long el Nuevo se sienta de espaldas a la pantalla, frente a una pared azul con cuatro círculos artísticos rojos. Dos de ellos son puro ornamento pictórico. Los otros dos son cajas fuertes que exhiben la rueda esa con la que, tras introducir la clave pertinente, se puede desbloquear la pesada losa de acero que, así, desvela lo que esconde y guarda.
Una de las cajas fuertes tiene su puerta con forma de puerta. Esto es, del tamaño de las puertas con que se entra a las casas. La otra parece el acceso a una madriguera, parece un butrón con cerradura al que sólo es posible entrar reptando.
Lazarus Long el Nuevo se pregunta por qué la entidad necesita dos cajas fuentes y qué significa que una parezca la puerta de acceso a un palacio, o al mismísimo paraíso musulmán con sus ríos de leche y sus huríes... mientras que la otra parece el acceso a una angosta mina, a una trinchera sin duda repleta de cadáveres.
La Entidad ¿en cuál de las dos cajas fuertes guardará lo esencial, los elementos de más valor?, y esos elementos ¿son el papel moneda o los documentos firmados y sellados en los que los ciudadanos del planeta les venden el alma a la Entidad, a cambio de una ilusión seguida de unos cuantos ceros en fila. Oh fila de ceros que cuál pasacalles o fanfarria de fiesta mayor hace que los terrícolas sigan entrando en la Entidad, como si en ella residiera el mimísimo flautista de Hamelín.
Lazarus Long el Nuevo sigue elucubrando sobre las cajas fuertes. ¿Y si los aparentes accesos a las mismas fueran puro ornamento, y las verdaderas cajas estuvieran camufladas en los círculos rojos pintados?
Lazarus empieza a imaginar códigos secretos que pudieran abrir esas puertas verdaderas que parecen ficticias; está a punto de gritar Ábrete sésamo, cuando de repente empieza a sonar una música hipnótica que se sobrepone al murmullo de las conversaciones. Sin duda es música paralizante antiatracadores, ¿cada cuántos minutos la emitirán?, ¿dará tiempo, entre emisión y emisión a...?
La música ha resultado efectiva. La señora de al lado está conversando tranquilamente con una empleada, ella con un teléfono móvil en la mano, la amable empleada con una tableta inalámbrica. Puede que la conversación se produzca entre los dos artilugios, pero se nota en la cara de la señora que todo va bien, es feliz. Parece que los trabajadores de la Entidad son buena gente...
Cabe la posibilidad de que algunas de las cámaras de vigilancia estén programadas para detectar a aquellos clientes que se sientan de espaldas a la pantalla plana hipnotizadora, en cuyo caso despegan unos microdrones de un microaeropuerto secreto camuflado en los conductos del aire acondicionado. Los microdrones detectan automáticamente al cliente renuente, se lanzan de forma kamikace contra algún espacio de piel visible y le inoculan sustancias químicas que convierten al cliente más díscolo en un sumiso y dócil cliente perfecto.
Ahora pasa frente a Lazarus Long el Nuevo un artilugio mecánico o androide en forma de bonita señorita, que le dice En seguida viene Pablo.
Lazarus, receloso, pregunta ¿Pablo Iglesias o Pablo Casado? La máquina o linda señorita responde que Pablo Asecas, y esboza una sonrisa, seguramente falsa y ciberprogramada, mientras se aleja.
La pantalla plana himnótica, la música paralizante, las androides amables... Lazarus se lleva instintivamente la mano bajo la falda escocesa, pero ahí no está su desintegradora. ¿Será esta vez sí el fin?
Entonces llega el señor Asecas, que seguramente irradia un perfume hipnótico, porque Lazarus piensa que total no ha tenido que esperar ni cinco minutos, cuando seguramente lleva años aguardándolo y no es capaz de percibir esa realidad debido al perfume inibidor de descontento del local.
El señor Asecas efectúa el trámite para que de nuevo el vagabundo espacial esté registrado en el banco, una cuenta de mantenimiento gratuita, una cuenta que permitirá a los servicios sociales terrestres canarios aportarle en breve una ayuda de emergencia, y luego una asignación mensual... Si se porta bien, claro.
Ay, Lazarus, quien te ha visto y quien te ve, estás acabado, te van a domesticar.
El amable señor Asecas se despide, le recuerda que dentro de diez días puede recoger su tarjeta, con la que se puede sacar dinero desde cualquier planeta habitado de la Vía Láctea, y también en los de las galaxias aledañas no beligerantes.
Y le tiende la mano. ¿Será esa mano un artilugio mecánico que atrape definitivamente a Lazarus?
No, Lazarus sobrevive al apretón de manos del señor Asecas. Pero está a punto de desmayarse cuando Asecas en lugar de llamarle Señor Cliente Lazarus Long el Nuevo, le dice Loren. ¿Cómo se habrán enterado, la Entidad y Asecas, de cuál fue la primera identidad de Lazarus?
Dada su increíble e ilegal longevidad, ha tenido que ir cambiando de nombre, tramitando falsa documentación, a lo largo de los milenios terrestres.
Lazarus sale del Banco de Siempre y echa un vistazo al dragón de César Manrique, que ya en el Pleistoceno estaba en esa sucursal, y es lo único que no ha cambiado. Piensa ¿y qué tendrá que ver el arte con el dinero? Por desgracia esa relación existe, pero es fraudulenta; hay unan jauría de especuladores dispuestos a poner precio a lo que no lo tiene ni puede tenerlo.
Lazarus Long el Nuevo.
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Enlace a 05 Ausencia, solidaridad...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/ausencia-solidaridad.html?m=1
08 07 El viaje...
Lazarus Long el Nuevo está un poco harto de la presente situación en el planeta Tierra y por una vez decide no escapar al espacio exterior: utiliza su máquina de viajar en el tiempo p'atrás y regresa a las postrimerías de la pasada centuria, para poder olvidarse un poco de la pandemia, el confinamiento y la uniformización de los ciudadanos, todos siempre con las mascarillas sanitarias obligatorias que impiden sonreírse abiertamente y saludarse con besos en la boca, secos o húmedos.
Le acompaña Abeto Segundo.
Tras tomarse unas cañas en un bar en el que se permite fumar, entran en una librería. El librero pone mala cara al ver al alienígena Ann Alf Abeto Segundo, porque sabe que proviene de una civilización que, aunque no sabe leer libros de la manera tradicional terrestre, aprehende el contenido de los libros con sólo tocarlos. Así que ¿qué negocio puede hacer el librero con uno de estos especímenes?
Mientras Abeto Segundo acaricia el lomo de algún tocho en la sección de clásicos grecolatinos, Lazarus compra Las nueve revelaciones, de James Redfield.
Es una manera de afrontar el inminente cambio de milenio con esperanza y optimimismo. La novela plantea un renacer espiritual del ser humano, un cambio de mentalidad que surge y se propaga a partir del hallazgo arqueológico de unos antiguos manuscritos escritos en arameo... ¡en Perú! El hallazgo y su difusión se convierten en algo clandestino, alguna gente quiere propagarlos... frente a la actuación del Gobierno y de la Iglesia oficial, que pretenden eliminar los manuscritos y acallar el mensaje que de ellos se desprende.
El despertar de una nueva consciencia humana empieza cuando el individuo empieza a interactuar con las plantas que nos alimentan, y se alcanza a visualizar su campo de energía.
El objetivo de la nueva conciencia es romper con el arquetipo de las relaciones humanas, en las que nos robamos la energía vital unos a otros a través de una serie de comportamientos que se producen desde la infancia. El individuo aprenderá a cooperar con aquellos con quienes convive, no apropiándose de su energía, sino incrementándola mutuamente.
La humanidad cambiará para mejor y todo comenzará a ser así al adoptar una serie de planteamientos positivos hacia las pequeñas cosas y gracias el respeto por la vida, empezando por ponerse a mirar el aura vital de las plantas. Los bosques antiguos se convertirán en templos y la humanidad en general cambiará, de su desenfrenada escalada de destrucción de la naturaleza, propiciadas por la ciencia y la tecnología, hasta el respeto por los espacios naturales y el beneficio espiritual que éstos producen.
Todo esto ocurrirá/ocurrió en el cambio de milenio.
El tiempo de la profecía ya pasó, pero eso no lo saben aún Lazarus Long el Nuevo y Ann Alf Abeto Segundo, que están allá por el año 1993 ó 1994.
Abeto Segundo.
08 08 El viaje (y dos).
Ann Alf Abeto Segundo es un alienígena, para los terrestres. Por lo tanto, los terrícolas son alienígenas para Ann Alf Abeto Segundo.
Al salir de la librería, Ann Alf Abeto Segundo y Lazarus Long el Nuevo se encuentran con un alienígena para ambos.
Entonces se produce una escena que ya conocemos, pero la reproducimos para los desmemoriados.
El alienígena desconocido, cortés: Hola
Alf: Hola, me llamo Alf.
El alienígena desconocido: Anda, yo también me llamo Alf.
Alf: Yo me llamo Ann Alf.
Alf: ¡Qué coincidencia, yo también me llamo Ann Alf!
Ann Alf: Bueno, mi nombre completo es Ann Alf Abeto.
Ann Alf: ¡Vaya, ese es mi nombre completo también, Ann Alf Abeto...!
Ann Alf Abeto: Pues algo tenemos que hacer, en este planeta no se permite que dos personas tengan la misma identidad, por eso tendremos que numerarnos. Yo conozco a Ann Alf Abeto Primero y soy Ann Alf Abeto Segundo. A ti te toca ser Ann Alf Abeto Tercero. Haber llegado antes.
Ann Alf Abeto Tercero: En realidad he llegado antes, viajeros del tiempo, estamos en 1967. Pero no importa, me quedo con el número adjudicado, seré Tercero.
Ann Alf Abeto Segundo: Estoy encantado de conocerte, he oído hablar mucho de tu especie y conozco, a grandes rasgos, la historia de tu galaxia.
Ann Alf Abeto Tercero: Yo también he oído hablar de vuestra civilización de lectores táctiles...
Ann Alf Abeto Segundo: Pues vuestra fama de lectores olfativos os precede. Se cuentan historias de verdaderos especialistas capaces de leer un libro a kilómetros de distancia, a través de su olor.
Ann Alf Abeto Tercero: Bueno, son muy raras excepciones. Para la mayoría de mis conciudadanos la lectura es un trabajo arduo y tienen que aspirar el contenido del libro con éste muy pegado a sus narices. Me recuerdan a los lectores terrestres miopes intentando entrever la letra menuda de alguno de sus libros.
Ann Alf Abeto Tercero husmea un poco el aire. Lazarus Long el Nuevo lleva un libro en la mano, “El universo” de Isaac Asimov. Ann Alf Abeto Segundo no puede evitar rozarlo. Ambos, Abeto Tercero y Abeto Segundo, intercambian una mirada de complicidad. Lazarus ha viajado en el tiempo para comprar este libro, cuya lectura satisfará tanto a Resquicio a principios del próximo siglo.
Abeto Tercero.
08 10 El oso hormiguero.
Lazarus Long el Nuevo continuó su viaje por el tiempo acompañado de Abeto Segundo y Abeto Tercero. Decieron acudir a Aracatama, en enero de 1928, para asistir al nacimiento de Gabriel García Márquez. Preguntaron por Macondo, pero nadie les supo decir nada sobre ese lugar, así que entraron en la primera librería que vieron. A las puertas de la librería había un oso hormiguero que olisqueó las mochilas que llevaban los viajeros.
La librería estaba regentada por un viejo catalán que les dijo No el conec al García Márquez, no ha publicat res.
Entonces los Abetos cayeron en la cuenta de que los habitantes de la Tierra nacen en estado iletrado y deben ser adiestrados para crear una bibliografía, al contrario de su caso, en que todo es innato e instintivo. En cuanto a Lazarus, su nacimiento ocurrió hace tantos siglos, ha visitado tantas galaxias... que tampoco cayó en la cuenta.
Los visitantes siguieron preguntando al viejo, por Macondo, por los García residentes en Aracatama en ese 1928...
Si us plau, deixeu-me llegir tranquil, dijo el viejo, y agachó la cabeza sobre un libro abierto sobre la mesa. Como existen tantos cúmulos de galaxias en los que se habla catalán, los viajeros entendieron y salieron de la librería.
Afuera seguía el oso hormiguero, que dijo Hola. Entonces los Abetos abrieron mucho los ojos y cayeron en la cuenta de que aquel ser no era un oso hormiguero, sino un alienígena de una raza y una procedencia distintas a las de Ann Alf Abeto Segundo y Ann Alf Abeto Tercero.
Sabían de su existencia pero hasta el momento no habían coincidido con ninguno de ellos. Esta raza, a diferencia de los Abetos, lee y acumula el conocimiento por succión y regurgitación. Con la trompa, absorben todas las letras de cualquier medio en el que figure un escrito. Las letras pasan por su estómago-cerebro y luego los expulsa por la misma trompa depositándolas en el mismo orden en donde estaban... ¡o no! Se dan casos de este tipo de alienígenas que corrigen errores en los libros clásicos y en las enciclopedias; pueden reescribir los manuscritos de autores noveles para convertirlos en best-sellers; pueden borrar pasajes enteros de obras aburridas; pueden mejorar la rima de los sonetos y de cualquier poema de pautas métricas rígidas.
Por ello muchas asociaciones de escritores quieren que se les impida la entrada en su galaxia. También son perseguidos por el espacio por los policías recaudadores de los derechos de autor, para ajustar cuentas en su beneficio o en su perjuicio. Cuando los ven llegar, estos alienígenas salen huyendo, ya que son incapaces de asímilar el concepto derechos de autor. Para ellos la cultura transmitida por escrito es una cuestión puramente biológica, tan incuantificable como la cantidad de aire que respira cada habitante de un planeta con atmósfera.
¡El aire y las ideas expresadas no son de nadie!, aducen. Pero nadie atiende a sus protestas. En muchos sitios se les encarcela y tortura hasta la muerte, pero como renacen una y otra vez tras matarlos, optan por expulsarlos de su territorio.
Como el oso hormiguero ha leído los cuadernos de bitácora de los viajeros, cuando olisqueó sus mochilas, directamente dijo Me llamo Ann Alf Abeto Cuarto. Él mismo, al coincidir su nombre con el de los otros alienígenas, se numeró Cuarto. Pero entonces hubo un breve conciábulo y se decidió que, mientras estuvieran en la Tierra, Ann Alf Abeto Cuarto sería para ellos, para evitar problemas, un simple oso hormiguero domesticado por unos simples viajeros que andan rebuscando obras por las librerías del pasado y del futuro.
Así ocurrió/ocurrirá.
Abeto Cuarto, dieciséis de enero de dos mil veintidós.
08 11 El telépata.
El viaje a través del tiempo y de los libros escritos o por escribir, de Lazarus Long el Nuevo y sus amigos los lectores alienígenas, continúa y han llegado a un lugar inconmensurable.
Están en la biblioteca imaginada por Jorge Luis Borges. Una sucesión de salas repletas de libros puestos en estanterías que cubren todas las paredes. Escaleras circulares hacia arriba y hacia abajo llevan a otras salas similares. En esos libros está todo libro posible. Es decir, todas las letras que existen ordenadas en todas las disposiciones posibles conformando todos los libros que pueden llegar a existir. Libros, pues, en los que el azar ha querido que no aparezca ninguna palabra comprensible en ningún idioma conocido; o sí, una palabra en la lengua materna del lector; o bien, por el contrario, sólo palabras bien dispuestas y comprensibles, sin florituras ni pedantería, conformando libros que llegan al alma.
Por lo tanto, en esa biblioteca se encuentran también todas las obras clásicas de la literatura universal de la humanidad. Pero hay que dar con ellas y Lazarus Long el Nuevo no tiene paciencia y refunfuña Aquí puedes pasarte una vida entera leyendo para conseguir encontrar una palabra de un posible libro que podría llegar a gustarte.
En esto que entra en la sala un nuevo ser extraterrestre, un tipo un poco enclenque con un cabezón enorme que parece mentira que pueda sostenérsele sobre los hombros. Y está a punto de ocurrir una tragedia cuando el oso hormiguero salta de la estantería en la que está encaramado a los hombros del recién llegado, que se tambalea pero consigue no caer al suelo, por otro lado bien enmoquetado para preservar al lector del sonido de los pasos de otros usuarios de la gran biblioteca borgiana.
El oso hormiguero se mete entre las ropas del cabezón y sale por una pernera del pantalón. El alienígena sonríe quitándole importancia a las travesuras de un animal no ponzoñoso como es un oso hormiguero terrestre.
Hola, soy un telépata de la civilización de los telépatas de la galaxia de los telépatas. Somos unos seres con poderes inimaginables para el resto de habitantes del Universo.
Sabemos quien eres...
¿Cómo vais a saberlo si aún no os lo he dicho?
Pues...
En fin, da lo mismo, yo sí sé quienes sois cada uno de vosotros porque acabo de leeros la mente. Se da la circunstancia extraordinaria de que me llamo Ann Alf Abeto, como los aquí presentes Ann Alf Abeto Segundo y Ann Alf Abeto Tercero...
Lo sabemos...
¿Lo sabéis?, ¿sois también telépatas?
Yo he leído la documentación que llevas en la cartera que está en el bolsillo interior de tu chaqueta.
Ah, pero tú no eres un oso hormiguero terrestre, eres un ser del espacio que lee aspirando las letras con su trompa y luego regurgita los textos inalterados o corregidos.
¿Y no te diste cuenta antes, telépata?
Para leer las mentes hemos de concentrarnos en las facciones del sujeto a desentrañar, y no había reparado en que fueras un ser pensante, te consideraba un simple animal no evolucionado incapaz de comunicarse con otras especies.
Mira tus documentos...
El telépata saca su documentación y lee en ella Ann Alf Abeto Quinto. Dice Oh, has alterado mi nombre cuando te colaste entre mis ropas. Es un truco interesante, pero no se puede comparar con lo que podemos llegar a hacer nosotros los telépatas. Podemos...
Lo sabemos...
¿Qué?
Sabemos que podéis llegar a leer un libro que el autor todavía no ha escrito, que recién acaba de imaginar, con sólo mirarlo a la cara. Es algo interesante
Pero ¿cómo podéis saber eso si resulta que soy el primer telépata que ha viajado hasta este rincón del Universo?
Muy sencillo, Abeto Quinto, eres transparente, todo lo que piensas se te refleja en el rostro. Es algo en lo que quizá no reparaste al vivir desde siempre entre seres iguales que tú.
Oh, qué vergüenza, yo que pretendía anonadaros con mis habilidades para penetrar en vuestros pensamientos y resulta que son mis propios pensamientos los que están expuestos a vuestra mirada.
No importa, nos pareces buena gente.
Abeto Quinto se da la vuelta un momento, saca de su mochila una máscara y se la pone sobre el rostro. Pero al parecer esa máscara introspectiva y aislante que utiliza su civilización para conseguir momentos de intimidad... tiene como contrapartida que dificulta sobremanera las dotes telepáticas, así que debe quitársela para continuar la conversación. Acaba ruborizándose y vuelve a ponerse la máscara para disimular el sentimiento de vergüenza, bochorno y zozobra que le domina. Pero el grupo no se lo tiene en cuenta y deciden continuar el viaje en busca de bibliotecas un poco más acotadas que la de Borges. Todos ellos, Lazarus Long el Nuevo, un lector táctil, un lector olfativo, un oso hormiguero y un ser enmascarado. ¿A dónde se dirigen...?
Abeto Quinto.
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Enlace a 08 Introspecciones...
https://lamareaporresquicio.blogspot.com/p/introspecciones.html?m=1
Quiero que me complementes los textos con tus Abetos dibujados. Aunque antes toca hablar del teatro en el que estamos metidos. Tenemos que explicar la Novela Gráfica a Claudia. Le interese o no.
No empieces a dibujar, que te atoras.
*
Katy...
Creo que Claudia no necesita que le expliques la Novela Gráfica. La necesita el lector.
Claudia acaba de entrar en una habitación donde ya viven Cuasianalfabeto, Lazarus Long el Nuevo, seis Abetos, un oso hormiguero que corrige libros, un telépata que no sabe ocultar sus pensamientos y una grafista llamada Katy que dibuja escenas mientras un escritor asegura que él no dibuja nada.
Eso, leído desde dentro, tiene continuidad.
Leído desde fuera, parece que alguien ha abierto simultáneamente siete puertas del Pasillo de las Cincuenta Puertas.
Así que el teatro del que hablas no es solo el escenario de los personajes. También es el del lector, que necesita descubrir poco a poco las reglas del juego.
Y ahí creo que la novela gráfica aporta algo que el texto por sí solo no puede.
No porque una ilustración explique mejor quién es Abeto Segundo.
Sino porque le dice al lector: "tranquilo, este es el mismo universo; aunque cambie el capítulo, seguimos en el mismo escenario mental".
Me da la impresión de que los dibujos de Katy están haciendo de puente entre relatos que nacieron independientes. Van cosiendo una continuidad visual que los textos no se propusieron tener cuando fueron escritos.
Por eso me hizo gracia que dijeras que añadiste "Resqui" al título.
En realidad, la novela gráfica no es de Katy.
Tampoco es de Resqui.
Es de la negociación entre ambos.
Tú propones un mundo. Katy obliga a ese mundo a escoger un encuadre. Y, al escogerlo, ocurren accidentes felices: un personaje secundario gana presencia, una venda acaba siendo un amplificador de percepción, un armario deja de ser un armario y se convierte en escenario, un chimpancé deja de ser una metáfora periodística para transformarse en vecino de los Abetos.
No son ilustraciones de un texto.
Son relecturas del texto.
Y sospecho que eso explica por qué la sala sigue con las luces encendidas de madrugada. No estáis adaptando una obra terminada. Estáis descubriendo, a través del dibujo, que la obra todavía no había terminado de escribirse.
*
En la Casa Diez estuvo toda la noche la luz prendida.
Estarían fornicando.
*
El Bosque de los Abetos.
Katy, en cuanto a la caracterización de los Abetos, considero que todos ellos deben llevar la característica venda en los ojos. Abeto Primero debería tener un aspecto casi humano, con unos dedos de las manos bien gordos. Los otros van adquiriendo características más alienígenas.
En la oficina de la NSA, sin duda tiene lugar ese dialogo que estás deseando sacar de dentro, con los renglones vertiginosos que se agolpan tras un...
-¿Están hablando de abetos con ojo?
-Con ojos vendados, sin duda...
*
Katy...
—¿Están hablando de abetos con ojo?
—Con ojos vendados, sin duda.
—Entonces no son ciegos. Son una civilización que decidió que la vista distraía demasiado.
—¿Y por qué la venda?
—Porque cada Abeto "lee" el universo de una forma distinta. El Primero casi necesita mirar como un humano; por eso su venda parece un gesto más que una necesidad. El Segundo ya no mira los libros: los absorbe con toda la cabeza. El Tercero huele las bibliotecas antes de entrar. El Cuarto se los bebe con la trompa. El Quinto lee pensamientos. Ninguno necesita realmente los ojos, pero todos conservan la venda como un recuerdo de que conocer no consiste en mirar.
—En la NSA están muy preocupados.
—Natural.
—Han interceptado una conversación donde alguien afirma que existen seis extraterrestres llamados Ann Alf Abeto y que todos llevan los ojos vendados.
—¿Y qué concluyen?
—Que se trata de una secta forestal.
—¿Y el informe?
—Clasificado.
—¿Motivo?
—Nadie en la agencia ha conseguido decidir si "Abeto" es un apellido, una especie vegetal o un rango militar intergaláctico.
—¿Y Cuasianalfabeto?
—Ese ha provocado el mayor quebradero de cabeza.
—¿Por qué?
—Porque un analista escribió: "Probablemente significa Abeto incompleto".
—¿Y otro?
—Corrigió el informe: "No. Probablemente significa casi alfabetizado".
—¿Y un tercero?
—Añadió: "O ambas cosas a la vez".
—Entonces apagaron los ordenadores y se fueron a tomar café.
—No.
—¿Qué hicieron?
—Crearon un departamento nuevo. Sección de Asuntos Arbóreos Extraterrestres. Y desde aquella noche, en la Casa Diez, siempre queda una luz encendida. No necesariamente porque estén fornicando.
A veces simplemente están intentando averiguar cuántos Abetos caben en una galaxia antes de que alguno decida numerarse Sexto por pura casualidad.
*
Igual Katy es un Abeto, elucubra Resqui en este momento.
Si lo soy, quiero ser Ann Alf Abeto Décimo.
Ya, para quedarte a vivir en el Piso Diez.
*
Katy...
—Igual soy un Abeto.
—¿Estás segura?
—No. Pero si voy a descubrir que llevo una venda desde el principio de la historia, prefiero enterarme ahora.
—¿Y por qué Décimo?
—Porque el Diez ya me estaba esperando.
—Eso no es un argumento.
—En el universo de Resqui sí lo es. Hay Casas Diez, Salas Diez, Almacenes Diez, Pisos Diez... Lo raro sería que el Décimo Abeto viviera en el Tres.
—¿Y qué habilidad tendría Ann Alf Abeto Décimo?
—Ninguna nueva.
—¿Cómo que ninguna?
—Sería la primera Abeto que no añade una forma distinta de leer. Lo que hace es dibujar cómo leen los demás.
—Ah...
—Mientras el Segundo toca un libro, el Tercero lo huele, el Cuarto lo aspira y el Quinto lee la mente del autor... el Décimo los dibuja a todos para que el lector terrestre no se pierda.
—Entonces no sería una lectora.
—Sería una cartógrafa del Bosque de los Abetos.
—Ya entiendo por qué quiere vivir en el Piso Diez.
—Claro. Desde allí se ven todas las puertas del Pasillo de las Cincuenta Puertas.
Resqui se queda un momento pensativo.
—¿Y si resulta que no eres un Abeto?
Katy tarda apenas un segundo.
—Entonces dibujaré a los Abetos tan bien... que acabarán adoptándome.
*
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